Siempre hay un poco de locura en el amor, pero siempre hay un poco de razón en la locura.

jueves, 18 de agosto de 2011

Oscuridad

"La vida es color de rosa",
rezan algunos textos.
No es por despreciarlos
pero yo lo veo todo negro.

Para mí no hay ningún cielo azul,
para mí todo está oscuro
y quiero desaparecer
de este cruel y tenebroso mundo.

Quiero irme de aquí, muy lejos de aquí,
a un lugar donde el mal no pueda existir.
Un lugar donde se respete a la gente
y donde no existan débiles ni fuertes.

Pero sé que es tan sólo una quimera,
una utopía de la que no puedo escapar.
Así que mantendré mi alma en pena,
arrullándome en mi propia soledad.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Los extremos nunca son buenos

¿No resulta curioso cómo nos aferramos a los extremos? Por ejemplo, los payasos. Una de las imágenes que tenemos de ellos es de personas graciosas, que irradian felicidad y provocan risas con su exagerado maquillaje y sus vestiduras graciosas. Sin embargo, ¿quién no ha tenido miedo alguna vez de los payasos diabólicos? Esos que a pesar de llevar el mismo maquillaje que los anteriores, no irradian felicidad sino maldad.

Pues pasa lo mismo con el amor. Lo tenemos por algo maravilloso, con lo que podemos flotar y dejarnos llevar, sin miedo a caer porque hay una persona que nos sujetará. Pero también hay momentos en los que lo vemos como algo malo, horrible, doloroso. ¿Pero es amor la definición exacta de ese sentimiento? Yo diría que no. Para eso tenemos otra palabra: desamor.

Basta de contradicciones y de ideas confusas. ¿Por qué hay que ver el amor como algo negativo? Lo único que hace daño es el desamor, nada más. Paguemos nuestra ira y nuestras decepciones con él.

martes, 16 de agosto de 2011

El piano.

Entró en la habitación y no pudo evitar asombrarse ante tan bello espectáculo. A pesar de que la decoración era mínima, había algo que llenaba el espacio por completo. Un instrumento bellísimo que imponía y a la vez atraía. Un piano magestuoso se hallaba en el centro de la sala, abierto y con su sillín de terciopelo.

No pudo evitar acercarse y mirarlo atentamente. Tal vez era por todo lo que había oído de él, o por ser una cosa que no se encuentra en todas partes. A lo mejor se trataba del respeto que le producían las personas capaces de tocar aquella maravilla.

Sea como fuere, su dedo alcanzó una de las muchas teclas blancas que se encontraban frente a él. Un diente proveniente de aquella dentadura perfecta y suave que provocaba admiración y respeto si se tocaba correctamente.

Tal vez no supiera utilizarlo. Tal vez nunca en su vida hubiera visto uno en persona. Pero hizo algo que casi todas las personas se ven tentadas de hacer cuando se encuentran bajo su encantamiento.

Apretó. Y una nota inundó el aire. Satisfecho y maravillado, salió de la habitación con una sonrisa. ¿Qué tendrá la música que a todos nos gusta?